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La ciudad romana de Cáparra
Sin alejarnos mucho de Plasencia, viajando poco más de media hora en coche hacia el norte y camino a Guijo de Granadilla, podemos visitar los restos de la que hace casi 20 siglos fue una importante urbe romana. La ciudad de Cáparra, de la cual se conserva perfectamente su puerta de cuatro arcos, es una parada que realmente merece la pena si estamos visitando la zona.
Desde tiempos ancestrales, Cáparra ya existía aunque no eran más que asentamientos indígenas, hasta que en el siglo I d. de C. se le otorgó el rango de municipio romano, lo cual impulsó su desarrollo.
Está construida sobre el trazado de la Vía de la Plata, que unía Emérita (Mérida) con Astúrica (Astorga), siendo la vía más importante para unir el norte y el sur de la parte occidental de la Península Ibérica, y además está situada en una zona alta. Estas dos coincidencias la dotaron de una importante situación estratégica, al convertirla en un paso obligado para gran cantidad de mercancías, así como por permitir el control de varias vías naturales de comunicación.
Con la caída del Imperio Romano la ciudad cayó en crisis al producirse el descenso de tráfico por las vías que cruzaban por ella. Además, al finalizar la reconquista, la importancia que fue cobrando Plasencia y las vías alternativas de comercio que fueron apareciendo, hicieron que la urbe continuase con su despoblación.
En los últimos años se han realizado varios estudios arqueológicos y mediante excavaciones se ha ido recuperando información sobre el trazado urbano de Cáparra. Alrededor de su puerta de cuatro arcos se pueden distinguir los restos de lo que fueron los cimientos de su puerta Sureste, el foro, una de sus tres necrópolis conocidas, las termas, e incluso un anfiteatro.
Se puede visitar y recorrer libremente toda la excavación, que está muy bien señalizada con carteles que explican con detalle cada una de las zonas o construcciones que nos encontramos, pero aun así merece la pena visitar el centro de interpretación del lugar, ya que en él se expone una buena cantidad de objetos que se han recuperado y se explican muchos detalles de la historia, evolución y declive de la ciudad.
Cómo llegar:
La forma mas sencilla es salir de Plasencia en dirección a Salamanca por la N-630 y seguir las indicaciones para ir hacia Guijo de Granadilla. En la carretera que va hacia Guijo hay varias señales que llevan hasta Cáparra.
Recursos:
- Galería de fotos del arco de Cáparra y las ruinas de la ciudad en flickr
- Ubicación en Google Maps
- Artículo en la Wikipedia
El anfiteatro romano de El Jem
Visible desde varios kilómetros de distancia, en la ciudad de El Jem, Túnez, se yergue uno de los más importantes monumentos que nos quedan del imperio romano. El anfiteatro de El Jem, que en su día tenía capacidad para más de 35.000 espectadores, es el cuarto anfiteatro más grande que se conserva (y el mejor conservado del norte de África), y es el monumento más visitado del país.
Empezó a edificarse en el siglo III d.C., e inicialmente se planteó como un coliseo de tres plantas levantadas sobre unas robustas arcadas corintias. Para su construcción utilizaron piedra arenisca, ligera y resistente, que procedía del mar, y que conserva incrustados un gran número de fósiles que pueden verse a simple vista. En su época de máximo esplendor, y aprovechando la firmeza de la estructura, comenzó a construirse una cuarta planta. Por desgracia, ésta nunca llegó a terminarse a causa de los enfrentamientos de los bereberes durante la invasión árabe.
Hay una leyenda que dice que una princesa bereber y sus seguidores se refugiaron en el anfiteatro; los romanos iniciaron un asedio y cuando pensaban que la escasez de alimentos les haría rendirse, la princesa se mostraba en lo alto del anfiteatro enseñando pescado fresco, así durante los 4 años que duró el asedio. Por ello se dice que hay un canal que comunica el coliseo de El Jem con el mar, pero no es más que una leyenda.
A pesar de que a partir del siglo XVII se comenzó a destruir su fachada para construir la ciudad con sus piedras, su estado de conservación es mejor incluso que el del coliseo de Roma, en parte gracias al clima seco de la zona. Su arena de casi 2000 m² se conserva perfectamente, así como los fosos de los leones, algunas celdas y un sistema de canalización de agua.
Es considerado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1979 y hoy en día, además de como punto de interés turístico, se usa habitualmente como escenario para conciertos y festivales.
Llegar hasta él es fácil tanto en tren como en autobús, y casi todos los tours organizados lo incluyen en su itinerario. Además, con su entrada, podremos visitar también el museo del El Jem en el que se encuentran numerosos mosaicos y objetos rescatados de las excavaciones del coliseo.
Lo cierto es que simplemente leyendo este texto no es fácil hacerse a la idea de lo grandioso que es, por lo que os recomiendo que si vais a Túnez intentéis dedicarle el tiempo suficiente, y que sin prisa os perdáis entre sus pasadizos y los fosos de las bestias que hay bajo la arena.

En el siglo XVII comenzó a destruirse su fachada para utilizar sus piedras en la construcción de la ciudad.










